¿Por qué sufrimos?


—Estuve pensando en la última charla que tuvimos, creo que el origen del sufrimiento es que nuestro ego tira hacia un lado y nuestro Yo Superior hacia otro. Pero no encontré una respuesta…

—Llegó la hora de que hablemos un poco de los ciclos. Como bien sabés, hay muchos tipos de ciclos: diarios, mensuales, anuales, lunares... Y cada ciclo nos afecta de una forma u otra haciendo que debamos tomar decisiones, y dependiendo de esas decisiones comenzaremos el nuevo ciclo desde otro nivel, o repitiendo errores o situaciones anteriores. Llevándolo a un aspecto más mundano, también hay ciclos más amplios y conocidos por todos: la niñez, la adolescencia, la madurez y la vejez. A su vez están el jardín de infantes, la escuela primaria, secundaria, el terciario, la universidad. Y hay ciclos propios para el trabajo, el estado civil, la familia y así... Todos estos ciclos están interconectados. ¿Qué sucede con las personas? ¿Por qué sufren? Porque están identificadas con sus pensamientos, con su ego... y porque les cuesta el cambio. Cada vez que hay que comenzar un nuevo ciclo aparece la dificultad: el miedo al cambio, miedo a lo desconocido, apego a lo familiar, a lo seguro. Es por eso que muchas personas siguen repitiendo los mismos patrones, porque se quedaron en algún ciclo evolutivo y no aceptan los cambios, pero la vida o una determinada situación los llevará a confrontarse, entonces, o cambian y maduran o vuelven a repetir el ciclo con el consiguiente sufrimiento.

Ahora bien, los ciclos son círculos o elipses que no se cierran completamente sino que se comportan como espirales ascendentes. El ciclo volverá a pasar por el mismo lugar pero siempre a una altura diferente, dependiendo de tu crecimiento o ascenso, y según tu grado de evolución será el grado de separación entre cada uno de los pisos o niveles del resorte. Aquellos que no logran cambiar, tendrán pruebas cada vez más duras porque “algo” los forzara a seguir el curso natural del resorte. ¿Y cuál es la reacción habitual a esto? Aferrarse aún más a lo conocido, como si fuera un salvavidas.
¿Sabés cómo cazan a los monos en ciertos lugares? Los cazadores ponen frutas en una calabaza ahuecada; los monos meten la mano, agarran la fruta y al cerrar el puño la mano ya no les sale por el hueco de la calabaza. La calabaza está atada y el mono tira pero no puede zafarse porque no quiere soltar la fruta. ¡Sería libre con solo abrir la mano! Pero no lo hace. La mayoría de los que sufren hacen lo mismo que esos monos, se aferran a lo que tienen atrapado en su mano y cuando llega el cambio de ciclo no lo quieren soltar, de modo que se ven obligados a vivir el nuevo ciclo de forma forzada porque el mecanismo está desajustado, como si fuera un gran engranaje que tiene una traba. Este engranaje cada vez hará más presión para destrabarse, y hasta que no se libere lo que está provocando la traba... provocará sufrimiento.
El desapego, dejar libre algo o a alguien, es un acto de madurez, que a veces provoca sufrimiento porque no hay comprensión. El que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen; de la misma forma, algo o alguien volverán si te resulta necesario; no porque vos (tu ego) fuerces las cosas sino porque tu ser interior en conjunto con la vida misma deciden que así debe ser. No es tampoco que ellos hagan planes para que eso suceda, sino que es todo un fluir natural donde las frecuencias y los ciclos se van acoplando por una simple acción de tamizado.
Quiero que entiendas dos cosas: la gente sufre porque es esclava de sus pensamientos, que los llevan a no vivir en el presente, a añorar el pasado o anhelar el futuro. De ese modo no logran soltarse para pasar a un nuevo nivel del ciclo.

—¿Pero eso significa que no podemos tener ningún proyecto a futuro? —pregunté.

—Podés proyectar hacia el futuro, pero construyendo en el día a día cada peldaño para llegar a cumplirlo, sin aferrarte a él, porque el destino o la vida puede hacer que cambies de rumbo y tengas que cambiar de proyecto. Esta es la síntesis de lo que he estado diciéndote en el tiempo que llevamos viéndonos. Tu cuerpo es tu templo, es ahí donde la mente superior se hace carne, donde la mente inferior hace remodelaciones y muestra lo que no se expresa de otra forma. No sufras por soltar la fruta que te hará feliz solo fugazmente, porque solo va a saciar tu hambre unos pocos minutos, luego volverás a buscar más fruta. No sufras por aferrar al pasado y no sufras por aferrar al futuro.

Permanecimos en silencio un tiempo que pareció eterno. Tenía ganas de preguntarle muchas cosas, pero ese silencio era exquisito. Me eternicé en él, respirando y meditando sobre la enseñanza que acababa de recibir.
Siempre que Magdalena me hablaba de no aferrarnos al pasado o al futuro, tenía la sensación de que ella sabía algo de mi vida, y me estaba preparando para ese momento. Luego me di cuenta que era la proyección de mis propios miedos.
Noté que mi ego se resistía a soltar el pasado y el futuro, con excusas, pero en realidad todo era miedo, un miedo profundo a experimentar el momento presente, sin estar anclada en pasado y futuro. ¿De donde viene este miedo, cuál es su origen?






Capítulo 3 de "El Cauce, Canal de un Despertar".