El Camino a la Felicidad



Al día siguiente Magdalena me dijo que quería retomar el tema del sufrimiento. Me pidió que elija a alguien de mis conocidos, que lo analice y le diga por qué creo que sufre. Justamente la semana anterior había estado hablando con mi hermana sobre los ataques de pánico que había empezado a experimentar desde hacía algún tiempo. Luego de meditar por unos minutos, llegué a la conclusión de que ella sufría por una falta de confianza en sí misma y por la imposibilidad de poner límites frente a una situación determinada. Sentía que no era dueña de lo que le sucedía, siempre ponía demasiado poder en el otro, e históricamente eso la dejaba en una situación de desventaja.
Magdalena me preguntó si mi hermana se daba cuenta de todo esto, a lo que contesté que creía que sí; ella hacía terapia, y conocía sus miedos, pero no podía saber a ciencia cierta cuánto había profundizado en ellos.
—Ahora, ¿sabés que todo lo que vemos es porque está en nuestro fuero íntimo, verdad? —preguntó Magdalena, en tono burlón.
—Sí –contesté.
—Entonces, sabiendo que reconocés externamente lo que hay internamente, ¿que me podés decir de lo que acabás de ver en tu hermana?
Me quedé en silencio, como pidiendo una mayor explicación. Magdalena entendió mi perplejidad y agregó: —Ves que ella tiene limitaciones, pero ¿por qué te das cuenta de que esas limitaciones existen? Porque conocés lo que son las limitaciones, porque existen en vos. Si no existieran en vos, te costaría entender lo que le sucede a ella. —De pronto sus ojos brillaron como si me hubiera querido decir algo más.
—Entonces la propuesta de este ejercicio es doble —dije—. Por un lado estar atenta y ver qué hace sufrir a los demás, y al mismo tiempo darme cuenta de que lo que veo en los otros es algo que también me hace sufrir a mí.
—Exacto, y hay algo más. Hay muchos caminos para encontrar la felicidad. Al final, todos los que logran la verdadera felicidad se dan cuenta que no depende de un momento o de algo ajeno a ellos, sino de haber alcanzado un estado de paz interna. Dicho estado de paz es, ni más ni menos, la quietud mental que te hace fluir con la vida, o dicho con otras palabras: Wu Wei, y la clave para mantener este estado es la respiración profunda, porque permaneciendo atenta a la respiración aplacás tus pensamientos y cualificás tu energía física, haciendo que tu cuerpo este relajado y con energía. Los ejercicios que te doy son para que logres llegar a eso más allá de la vía intelectual, a través de la aceptación consciente, de no tener que razonarlo y que sea intuitivo. A medida que avances, estos ejercicios no te aportarán nada nuevo; será el momento en que habrás llegado a dominar la quietud mental. Todo es muy simple, aunque para los que no tienen la clave parece muy complicado, y la clave está en tu interior. Cuando encuentres esa clave o llave, y abras la puerta a tu interior, vas a sentir un vértigo como de caída libre; será cuando empiecen a caerte todas las fichas. Todo está dentro tuyo y depende solo de vos encontrar la clave, y de la misma forma que en vos está la clave, en vos también está el carcelero.

Capítulo 16 de "El Cauce, Canal de un Despertar".