Dónde encontrar la paz



   Pasaron los meses y el otoño dio lugar al invierno. En esa época, el Maestro de zazen me
había dado el segundo koan para mi práctica. El primero lo había recibido junto a toda la sangha, en mi primer retiro. Un día como cualquier otro, estaba en zazen recitando el koan internamente y me cayeron varias fichas. Entendí que mi vida estaba dividida en cuatro ítems, que eran trabajo, pareja, familia y camino personal o desarrollo espiritual. Noté que ponía mucha energía en el trabajo y la pareja, casi por igual, y un poco menos en la familia. Cuando pensé en mi camino espiritual, me di cuenta de que si bien tenía mucha energía puesta allí, esta tenía otra calidad, era más amplia, más lenta, más silenciosa... Entonces pensé: ¡todo es espiritual! ¿Por qué no puedo manejarme en todas las situaciones como me manejo en esta? ¿Por qué no puedo trabajar o estar en pareja con la misma energía con la que medito o recito un mantra?
En la meditación solté todos estos pensamientos. Pero luego, durante el día, recordé todo lo que había visto esa mañana, y continué dándole vueltas. Llegué a la conclusión de que si bien era perfectamente posible manejarme en todos los aspectos como me manejo en lo espiritual, en lo cotidiano me olvido, me acelero, me descentro. Me pregunté por qué me sucedía esto y la respuesta fue que “estoy acostumbrada” a actuar de esa forma, a pensar de esa forma, por lo que debería hacer toda una reestructuración mental. En general me suele ser más fácil cuando estoy fuera de la ciudad, lejos del trabajo, pero es una cuestión de práctica, de “ser” en todos lados, sin importar lo que suceda afuera.

Anoté este interrogante para hablarlo con Magdalena. Lo primero que me dijo al respecto fue que la práctica hace al maestro...

—Pero si al irte fuera ciudad encontrás la paz —continuó— y al volver a la ciudad la perdés, entonces lo que habías encontrado no es la verdadera paz.

—Estoy de acuerdo —contesté—. Pero es entendible que sea más fácil, en un inicio, encontrar la paz en algún lugar retirado, digamos, para personas que empiezan a transitar este camino.


—El problema —dijo, riendo, Magdalena— es que te podés condicionar a la búsqueda de la paz en ciertos lugares determinados, en lugar de buscarla en cualquier lugar. Imaginé que a esta altura ya habías comprendido esto. La paz es un estado mental. Es imposible encontrarla fuera de vos misma.

Vinieron a mi cabeza cientos de imágenes pertenecientes a todos los momentos de mi vida en los que había experimentado una sensación de paz. Entendí que si es momentáneo, no es eterno, y si no es eterno, es ilusorio. Los momentos donde estaba aparentemente en paz, eran eso, apariencias. Pero también recordé algunos momentos, contados con los dedos de la mano, donde la paz había perdurado… hasta el día de hoy. Momentos donde la eternidad me había abrazado, y también recordé que eso estaba en mí, que eso era yo. Me di cuenta de que muchas veces lo olvido, pero “soy paz”.

Magdalena sonrió, como si hubiese visto todo mi proceso de pensamiento, como si me hubiese visto “comprender”.

A partir de ese día, cuando me encontraba buscando la paz en algún lado, en algún viaje, en alguna persona, en alguna actividad, respiraba profundamente y simplemente recordaba...


Capítulo 25  de "El Cauce, canal de un despertar".