Las Emociones y la Imaginación


Esperé con ansia nuestro siguiente encuentro, ya que el tema del sufrimiento había generado todo un cambio en mi forma de percibir la realidad.

En la meditación de la mañana, antes de salir hacia la casa de Magdalena, me surgió una pregunta. Estaba comprendiendo la importancia de no aferrarme al pasado ni al futuro, de vivir en el momento presente, de estar atenta en el aquí y ahora, pero eventualmente vivía momentos donde esto no era posible, y llegué a la conclusión de que mis emociones me jugaban una mala pasada. Era a causa de mis pensamientos y emociones que no podía mantenerme en el flujo del presente sin mayores alteraciones.
 

Al principio de nuestro nuevo encuentro me sentía como una nena en vísperas de Navidad. Compartí con Magdalena la conclusión a la que había llegado, y le pregunté sobre las emociones. —¿Qué son las emociones?

—¡Excelente pregunta! —exclamó—. ¿Qué son las emociones?

—¿Además de un completo desastre? —No pude evitar reírme—. A ver.... —Cerré los ojos para hallar la respuesta en mi interior, intuitivamente—. Son como un mar, son agua, fluctuantes.

—¿De qué están hechas?

La miré cuestionando su pregunta, ¿de qué están hechas?, reflexioné, nunca se me había ocurrido pen-sar que las emociones estaban hechas de algo—.
 

— Todo está hecho de “algo” —insistió ella—. Pensá.

—¿De energía?

—Supongamos que son energía, ¿quién o qué las genera?

—¿La mente? No el intelecto, la mente inferior, sino la mente superior.

—¿Segura, esa es tu respuesta? —Una vez más me quedé en si-lencio, pensando. Antes de poder darle una respuesta, Magdalena me increpó—. Definí cinco emociones básicas para vos.

Pensé dos segundos y le dije lo primero que me vino a la mente.

—Amor, enojo, envidia, plenitud y miedo. 


—¿Pasión?

—A la pasión no la siento como al amor o al miedo, la siento más abajo, la siento de forma diferente…

—Muy bien, entonces diferenciemos la emoción de la fuerza, pero ¿en ambos casos es energía?

—Yo diría que sí, en ambos casos es energía. 


—¿Cómo controlás esa energía?

—Con la mente.

—¿De qué manera?

—Conociéndola primero, estudiándola.

—¿Y luego?

—No dejando que me controle, dejándola pasar, no apegándome a ella.

—La principal herramienta de la mente para controlar la energía es la imaginación... —dijo entonces Magdalena—. La imaginación, al ser un proceso de la mente, también está condicionada al ego, a sus preconceptos, prejuicios, miedos y fantasías. Pero volvamos a las emociones —continuó Magdalena—. Bien dijiste que son energía, pero si todo es energía, ¿por qué puede convertirse indistintamente en envidia, amor o miedo? ¿Acaso la energía no es toda igual?

—Supongo que la energía va tomando formas distintas; la energía pura es solo una, pero en nuestro plano de realidad toma diferentes formas, calidades, densidades, velocidades.

—¿Toma forma ella sola, por sí misma, sin ayuda?

—No…

—¿Entonces?

Una vez más había llegado a un callejón sin salida. A Magdalena le encantaba hacerme preguntas hasta dejarme sin palabras. Cuando advirtió que yo no tenía nada que decir, continuó.

—Las emociones son racionalizaciones de la percepción de la energía, son un intento por interpretar una energía que te está tocando. Dicha interpretación está teñida por nuestros preconceptos, prejuicios, miedos, temores, fantasías. Al racionalizar esta energía le damos forma y esta forma crea lo que vos has llamado manifestaciones del ego. Cuanto más pensemos o razonemos en función a dicha forma, más consistencia y fuerza tiene su correspondiente manifestación del ego. Al no vivir en el presente, al estar añorando o reviviendo el pasado, o al estar proyectando hacia el futuro, esta-mos cualificando la energía presente con modelos preestablecidos, encasillándola y perdiéndonos así de vivir el ahora.
Dicho de otra forma, las emociones son energía encapsulada por nuestros preconceptos pasados o futuros. El amor, el odio, el miedo, la envidia, son un invento de nuestra mente inferior producto de no estar viviendo el presente...
Con respecto a la pasión, no es emoción porque es una fuerza primigenia sin intelectualización, lo mismo que la intuición. Esa fuerza, sin intelecto, sin razón, es potencia pura.
El verdadero amor sucede cuando no hay una intelectualización, no hay razonamiento, no hay otras emociones involucradas como celos, posesividad o envidia.
¿En qué estás pensando?

—Lo primero que viene a mí es que es cierto; las emociones son la cristalización de la energía según nuestros propios preconceptos. Pero no puedo evitar preguntarme: ¿qué se hace entonces con todo esto? Creo que es muy difícil para la mayoría de las personas poder actuar según esta comprensión. Suponiendo que coincidan teóricamente con el concepto, veo muy difícil la aplicación del mismo en lo cotidiano.

—Bien, tratá de ver si entendés por qué.

Volví a casa con esta pregunta y la dejé resonando en mi interior.
 

(continuará)

Capítulo 4 de "El Cauce, Canal de un Despertar".