Sobre el Apego, el Miedo y la Comodidad


A la semana siguiente, de camino a la casa de Magdalena, recordé súbitamente un sueño que había tenido la noche anterior. Había soñado con una fruta cayendo de un árbol. El sueño era solo esa imagen; la fruta colgando de la rama, y la fruta cayendo del árbol. Cuando llegué quise contarle todo a Magdalena, intuía que en esta imagen había un mensaje para develar.
—¿Qué sentiste al ver el fruto caer del árbol?

Cerré los ojos y alineé mi columna, hice silencio y me hundí en el recuerdo del sueño. Lo que descubrí fue que todo se daba a su tiempo; cuando la fruta se desprendió de la rama, era el tiempo justo, era el tiempo de soltar. Le expliqué la vivencia como pude a Magdalena, aunque tenía los pensamientos bastante desordenados. Ella escuchó atentamente, y me dijo que el sueño había sido una enseñanza acerca del apego. Me preguntó entonces, qué era para mí el apego.

—Cuando una fruta crece y está conectada a la rama —dije— eso no es apego, es conexión, ligadura, unión... Pero cuando es tiempo de madurar y caer al piso, si no lo hace, si se queda, eso es apego. Aparece el miedo a lo desconocido. No sabe qué puede suceder cuando cae al suelo, pero tiene que confiar en los ciclos de la vida, porque si se queda ahí se pudre.


—¿Y por qué nos apegamos a las cosas?

—Por miedo y comodidad, sobre todo por comodidad.

—¿Cómo es eso?

—La fruta tiene miedo de soltarse porque no sabe lo que va a pasar, pero eso es inevitable, ¿verdad? El tema es poder avanzar a pesar del miedo, pero la comodidad suele ser más fuerte.

—¿Sabés qué diferencia hay entre un cobarde y un valiente?

—¿Que el valiente no se paraliza por el miedo?

—Exacto, el valiente tiene miedo, pero avanza, si no tuviera miedo sería temerario y no valiente.

—Sí, no se trata de no tener miedo sino de avanzar a pesar del miedo.

—Y el miedo, ¿dónde reside, en la mano de tu agresor o en tu interior?

—El miedo reside dentro, uno lo pone afuera, pero está adentro.

—¿Entonces?

—El apego es el momento o situación donde uno debería soltar y no suelta. Es causado por el miedo a lo desconocido y por la comodidad. Para atravesar esa instancia no se trata de no sentir miedo, sino de avanzar pese al miedo y la incomodidad, entendiendo que el miedo lo proyectamos afuera, pero en realidad está en nuestro interior.

—¿Qué le dirías a alguien que relaciona el apego con el amor? Es decir, que piensa que sin apego no hay amor posible, y que ve al desapego como indiferencia.

—Creo que amor y apego no siempre deben ir de la mano. Erróneamente entendemos el desapego como indiferencia o insensibilidad, pero el desapego no es desamor, sino una forma sana de relacionarse, cuyas proposiciones son independencia, no posesividad y no adición.

—Ser afectivamente libre es dar y recibir afecto sin opresión, es distanciarse en lo perjudicial y hacer contacto con ternura.


—Lo que tenemos que conseguir es romper con esa adicción, esa tendencia al apego y entender que desligarse psicológicamente no es volverse frío afectivamente. No podemos vivir sin afecto, pero sí podemos amar sin esclavizarnos. El apego desgasta y enferma, ya que una de sus características más sobresalientes es el deterioro de energía.

—¿Qué le dirías a alguien que cree que el desapego es una condición negativa?

—Creo que el desapego puede ser una condición positiva en tanto nos libera del miedo; creo que nos apegamos cuando tenemos miedo de la libertad. El apego hace que perdamos nuestro poder interior; sucede cuando nos volvemos dependientes de una persona, de un evento, de una circunstancia, inclusive de la religión como una muleta exterior, no como un punto de apoyo interior. El apoyo nos hace perder el poder, porque nos quita autonomía. Y solamente podemos ser libres cuando somos autónomos.

—El apego no es solo la dependencia de otro, el apego también es la dependencia de una emoción o sentimiento. Puede ser que estemos muy cerca de alguien, que nos abracemos y que vivamos bajo el mismo techo, pero si la relación se basa en el apego, estamos profundamente separados en nuestra esencia. Mientras más abrazadas estén nuestras personalidades, si hay apego, más lejanos y solos estaremos en realidad, más prisioneros seremos el uno del otro.

—El apego produce sufrimiento. El otro puede ir o quedarse, pero si yo sufro es porque estoy apegada, y si estoy apegada es porque estoy insegura de mí, porque necesito un punto de apoyo exterior. Si yo estoy apegada a vos, estoy violando tu libertad, si vos estás apegada a mí, entonces también estás violando mi libertad.

—Por lo tanto, la mejor manera de unirse es liberarse. La mejor manera de no rechazarte es aceptarme a mí misma. Así se pueden ver las paradojas que se dan en una relación que tiene como punto de partida la reflexión; yo me miro y me observo en un espejo que sos vos. Aquellas cosas a las que yo me apego son esas inseguridades y vacíos interiores que tengo. De manera que te estoy utilizando en la relación como un instrumento para compensar mis carencias. La relación no debería ser un instrumento para compensar carencias, sino un instrumento de liberación.


—Bien. ¿Y a qué cosas nos aferramos habitualmente?

—A todo lo que nos proporcione seguridad y placer. Aunque a veces nos aferramos también a cosas que nos hacen mal, aunque el placer sea “mortífero”. Seguridad de ser amados, seguridad de tener donde vivir, seguridad de ser aceptados en algún círculo social, seguridad de tener salud, seguridad, básicamente, de no sufrir.

—¿Y dónde reside la raíz del problema de este apego e inseguridad?

—¿De la ilusión que no estamos ya completos?

—Algo más simple, Ariadne, ¡te lo he dicho hasta el cansancio! pero evidentemente aún no lo ves. Pensá.

—En general cuando me decís eso terminás hablando de autoestima y amor propio. ¿Es eso, verdad?

—Todo se remite a lo mismo, autoestima y amor propio en su justa medida. Amarse, apreciarse, aceptarse. Amarse significa que te aceptás y valorás sabiendo que poseés los recursos para salir a adelante, recursos internos que te ayudan a conseguir otros recursos externos.

—Pero, ¿siempre tenemos esos recursos? Yo me puedo amar mucho, pero si no tengo los recursos necesarios, quizás sentir miedo es lo más sensato…

—Hay miedos instintivos, de autoconservación, no me refiero a esos miedos, sino al miedo a no poder, a la vergüenza, al no merecer, al fracaso, al rechazo... Si te amás y valorás, tenés la confianza suficiente como para superar la vergüenza y para entender que si te aceptan debe ser por lo que realmente sos y no por lo que aparentás... Sabés de tus pros y contras, y conociendo esto sabés cómo desenvolverte y conseguir los recursos para salir adelante en cualquier situación.

—Las inseguridades y miedos son generadas por uno mismo, por no sentirse capaz de resistir alguna situación, y esto es porque cree que será el “fin del mundo” sin darse cuenta que solo será el fin de ese mundo, pero que luego vendrá otro y así sucesivamente. Son ciclos, y cuanto más apegos tengamos, más difícil será pasar de un ciclo a otro y más presión se estará generando en la maquinaria que mueve los engranajes que hacen funcionar estos ciclos, haciendo que al final todo explote con mucha más fuerza y ruido. Venimos a esta vida desnudos y nos iremos desnudos, todo lo que tenemos está dentro de nosotros, lo que debemos hacer es darnos cuenta de nuestra valía. El resto es anecdótico.

—Pero dejamos una huella en el afuera, en nuestros hijos, en nuestros alumnos o discípulos, ¿verdad? Porque si se tratara solo de lo que tenemos adentro, nos vamos a la montaña y problema resuelto.

—Seguro. Podrías irte a la montaña si estuvieras preparada para vivir sola.

—Vivimos en sociedad, y esta te forma y alimenta tu interior, haciendo que te quieras más o menos, refuerza valores y principios que harán que más adelante actúes de tal o cual forma. Pero está en uno ir comprendiendo si lo que nos enseñaron y transmitieron nos hace bien. A una criatura que la desvalorizan desde chiquita le será muy difícil no tener miedos y apegos, porque eso se le inculco desde siempre; “sos un inútil, no vales para nada, no servís para nada…” Continuamente vas pasando ciclos, y dependiendo de tu autoestima los pasarás bien, mal o no los pasarás y seguirás repitiéndolos. Por eso el secreto es aceptarse, entender que no sos lo que dicen los demás, sino lo que vos creés de vos misma, así el poder lo tenés vos y no lo delegas en otros, en la mirada de la familia, del grupo de amigas o el entorno. Muchos construyen su imagen basándose en la mirada ajena y por eso se desviven por cosas superfluas, cuentas de colores que encandilan al resto y así consiguen los aplausos para valorarse. El que realmente se ama y aprecia no le importa ni el elogio ni el rechazo ajeno.


—Es eso entonces; la ilusión de lo que nos falta, que no tenemos todo lo que necesitamos. Es lindo cuando conectamos con esa sensación que ya está todo acá, por eso “conócete a ti mismo y conocerás al universo”.

—No podés apreciar lo que no conocés, por eso hay que conocerse para poder amarse. Si querés estar despierta no necesitás ninguna muleta, solo necesitás seguir conociéndote a vos misma, abrir tu mente, romper prejuicios y adentrarte en tu interior.

—Entonces, seguí meditando, seguí soltándote sin miedo a lo que vendrá, confiando en la vida y en tus propias potencialidades. Y la ventaja de caerse es que te levantás con más experiencia.

Capítulo 9 de "El Cauce, Canal de un Despertar".