Los Chakras. Soltar sin Soltar.



—Creo que llegó el momento que hablemos más en profundidad sobre los centros de energía, también llamados chakras.
 
—Bien.

—Como sabés, hay siete chakras principales en nuestro cuerpo, cada cual tiene un propósito y puede quedar bloqueado con un tipo específico de emoción.
»El primero se localiza en la base de la columna, se simboliza con un loto de cuatro pétalos de color rojo, está relacionado con la tierra y con nuestra supervivencia, la emoción que lo bloquea es el miedo.
»El segundo se encuentra a la altura del sacro, se simboliza con un loto de seis pétalos de color naranja, se relaciona con el agua y con el placer, la emoción que lo bloquea es la culpa. Junto con el primer chakra, son los que manejan la energía sexual.
»El tercer centro se encuentra en la base del estómago, se representa con un loto de diez pétalos de color amarillo, se vincula con el fuego y con la fuerza de voluntad y se bloquea con la vergüenza.
»El cuarto se encuentra en el corazón, se representa con un loto de doce pétalos de color verde, se vincula con el amor y se bloquea con el dolor.
»El quinto chakra se encuentra en la garganta, se simboliza con un loto de dieciséis pétalos de color azul, se relaciona con el sonido y con la verdad, y se bloquea con las mentiras, fundamentalmente las mentiras que nos decimos a nosotros mismos.
»El sexto centro se encuentra en el llamado tercer ojo, en el centro de la frente, se simboliza con un loto de dos pétalos de color índigo, se relaciona con la luz y con discernimiento, y se bloquea con la ilusión. ¿Y cuál es la ilusión más grande de todas? La de la separación, la creencia que todo está separado, que reemplaza a la certeza que todo está conectado.
»El séptimo chakra está ubicado en la coronilla, sobre la cabeza, se representa con un loto de mil pétalos de color blanco o violeta, se relaciona con el pensamiento y se bloquea con los lazos mundanos.

Al terminar de hablar, Magdalena posó su mirada en mis ojos, como si esperara una pregunta. Ella sabía que siempre que hablábamos de lazos mundanos yo me empezaba a poner triste, porque sentía que de algún modo, para continuar avanzando en el camino del autoconocimiento debería soltar mis afectos. No intenté esconder mis dudas, y la cuestioné sin rodeos.

—¿Cómo es eso que se bloquea con los lazos mundanos? Yo no quiero soltar a mi pareja, no quiero soltar a mis afectos... y siento que si no suelto me ato… Cada vez que hablamos de estos temas empiezo a sentirme triste…

Siempre que tocábamos el tema de los vínculos yo empezaba a sentir un vértigo, acompañado de una dulce tristeza. Sabía que me faltaba comprender algo sobre este tema, pero aún no podía desenmarañarlo.
Magdalena, con un tono suave y amigable, se dispuso a confortarme.

—Ariadne, miralo de esta forma: estás rodeada de personas a las que retenés. Estas personas son una especie de muro de contención que las manifestaciones de tu ego necesitan para sentirse seguras y amadas, protegidas del exterior. ¿Qué pasaría si ese muro se separa un poco de vos? ¿Qué pasaría si el círculo perimetral se expandiera del centro, que sos vos? Entonces vos también podrías expandirte, y ¿qué sucede si desaparece el muro? O mejor dicho, si lo soltás... En ese caso los componentes del muro quedarían libres y vos también. Los soltás, pero no desaparecen, sino que quedan por ahí cerca tuyo sin ser un muro de contención, vos seguís expandiéndote y los terminas abarcando, ¿lo ves?

—Sí.

—Lo que sí puedo decirte, a ciencia cierta, es que el camino que elegiste es un camino en solitario, y para llegar bien lejos debés “soltar lastre”, desprenderte de todo. Esto no significa que te vuelvas ermitaña, sino que mentalmente debés soltar para poder abarcar todo con otro tipo de vínculo o lazo donde el ego no tiene cabida, y la energía pura o Amor es lo que une todo y a todos. Tus miedos y dudas son provocados por las manifestaciones de tu ego, que se sienten protegidas detrás de ese muro de contención, y entienden que si liberás el muro, las ataduras, sería el principio de su fin, porque ya no tendría sentido su existencia.

—No logro comprender cabalmente esta idea de soltar sin soltar.

—Soltar es dejar de exigirle al otro que deposite su atención en vos, es dejar que todo fluya libremente para que las cosas y relaciones se acomoden según lo que debe ser, confiando en la vida y entendiendo que hay ciclos, que todo termina y comienza nuevamente, y mientras estés vibrando a la misma frecuencia que las otras partes que te acompañan en ese ciclo, entonces continuarán juntas.

—Entiendo...

—Lo difícil es comprender lo de los ciclos y confiar en la vida. La idea de “pérdida” es la que cuesta sobrellevar, sobre todo si la autoestima no es alta, o si la autovaloración está puesta en el otro, porque uno termina dependiendo de los demás, y convirtiendo a los otros en su muro de contención.

—Creo que tengo que tener cuidado en no mezclar la idea de soltar al otro con centrarme excesivamente en mí misma.

—Sabrás cuando debas soltar porque vas a estar sufriendo más que gozando la presencia del otro.
Respiré profundo y me sumergí en meditación. No quería que el parloteo mental ensuciara lo que estaba escuchando, lo que estaba aprendiendo. Confiaba en que mi hemisferio derecho tendría la sabiduría de convertir estas palabras en llaves para mi evolución.

Capítulo 24 de "El Cauce, canal de un despertar".