La Autoestima


—¿Esta semana te ha surgido alguna duda?

—No tengo muchas ganas de estudiar ni de leer. Estoy trabajando, meditando, cocinando, ordenando, bañándome, descansando, y fundamentalmente respirando. Estoy atenta a las manifestaciones del ego, mucho más que antes, simplemente porque estoy más atenta
en general, y cuando observo a los demás, a mí, y a todo, veo que el tema del sufrimiento y la felicidad es central en la vida de todos, es como un eje.

—¿Y qué más ves?

—Veo que depende de qué creamos que es la realidad. Creemos lo que creamos y creamos lo que creemos.

—¿Qué es lo más llamativo que se te ha revelado en este último tiempo?

—Una de las últimas cosas que recuerdo tiene que ver con la autoestima. Comprendí que depende simplemente de un click interno, el hecho de cómo nos vemos a nosotros mismos ¿verdad? Por ejemplo, frente a determinada situación yo puedo agredirme, criticarme, o no. Puedo pensar que soy una tonta o no, puedo pensar que soy una ingenua o no. Y de esa mirada interna depende luego nuestra relación con el entorno, con los otros. Me di cuenta
que muchas veces me boicoteo de diferentes formas, no me quiero, no me amo, y obviamente el otro no puede quererme ni amarme, y se distorsiona todo. Depende de mí, ya que todo es mente, no agredirme, quererme, y lo mismo con los demás, no juzgar, no
criticar, ¿qué sentido tiene?, ¿adónde nos lleva? A más confusión, a distanciamientos y separaciones. Mejor no digo nada, no pienso nada, lo dejo pasar y respiro.

—Me suena, me suena... —dijo riendo Magdalena—. ¿Pero sabés qué me suena realmente? El timbre del recreo. No más tareas ni ejercicios por un tiempo, porque estás vivenciando una tarea, es hora que hagas click para continuar, sino sería llenar la copa, y ahora hay que vaciarla de nuevo. Todo lo que me estás diciendo lo comprendés pero de forma analítica, aún te falta la práctica. Cuando todo esto sea intuitivo, sin un proceso racional y analítico de por medio entonces habrás vaciado la copa.

—¿Te parece que lo estoy analizando? Porque justamente siento que lo sentí, no que lo pensé. Es diferente de otras cosas, que pienso y analizo, y entiendo. Esto lo sentí en el cuerpo, lo experimenté.

—¿Sabés como sabrás si es así? Explicale a alguien lo que acabas de decirme, y si debés analizarlo de nuevo para hacerte entender significa que aún no lo tenés totalmente afianzado. Pero el click ya esta hecho, ahora hay que evitar que el interruptor vuelva para atrás. Cuando empieces a explicarlo te darás cuenta de que hacen falta muchas bases para asentar ese conocimiento. Y cuando empieces a asentar esas bases te darás cuenta de que todo es mucho más simple. Y de tan simple que es resulta sumamente complejo y difícil de definir. Las frases más simples contienen muchas verdades que el interlocutor irá descubriendo según su nivel evolutivo. Entonces te preguntarás, ¿cómo lo explico?, y optarás por hablar lo menos posible, dar pistas para que cada uno investigue según sus necesidades y tiempos.

—Me esta sucediendo eso de a poco. Creo que todo es muy simple, y al tratar de explicar me enrollo, así que estoy optando por hablar menos…

—Hay muchas frases o aforismos que resumen lo que te digo. Por ejemplo: el futuro es lo que fue, una frase simple que encierra muchas verdades y significados. O uno es lo que cree que es, o uno se crea según lo que cree. Todas parecen frases tontas, simples o sin
sentido pero al analizarlas verás que es como un prisma con muchas caras. Esas frases resumen o reflejan lo que te sucede para transmitir una verdad, simple y compleja; ambos extremos, ambas caras con todos los matices intermedios. Así que tenés recreo...

Se levantó del zafu y se dirigió al jardín. La seguí en silencio. Se sentó bajo la sombra del nogal, sobre una pared de ladrillos que hacía de cantero. El aire que se respiraba era puro, la brisa era fresca, y los aromas de todas las plantas perfumaban el lugar. Magdalena
se acercó a mí, prácticamente se pegó a mi cuerpo y me tomó de las manos.

—Que no te sorprenda —dijo— si a partir de ahora algunas personas empiezan a acercarse a vos para pedirte consejo.

Su afirmación me sorprendió. Justamente el día anterior, una colega me había buscado para pedir consejo. Le conté esto a Magdalena, y sin demostrar ningún signo de sorpresa me preguntó qué consejo le había dado.

—En realidad, vi que si bien con su palabra me pedía un consejo, realmente no quería ayuda, porque eso, en lo profundo, implicaría cambiar. Lo que ella deseaba era manifestar su malestar para calmarse, y ahí comprendí, cuando hace tiempo me dijiste que no dé tareas ni consejos, porque es inútil. Ella me pedía ayuda, pero no solo no la quería, sino que hasta podría ser negativo que yo tratara de ayudarla en ese momento. Luego de hablar un rato me pregunto por zazen, le di los horarios y le dije que sería bienvenida.

—La mejor ayuda es el ejemplo. ¿Cuál es tu diagnóstico sobre esa compañera?

—Creo que es puro miedo.

—¿A qué, y debido a qué?

—A la vida, al día a día, a darse cuenta que la vida es esto, y nada más.

—¿Y cómo la ayudarías a cambiar?

—Con presencia, le brindo lo que ella pueda aceptar, por ejemplo, el espacio de meditación. Ella después decidirá. Cuando el sufrimiento se hace insoportable, tira manotazos de ahogado y agarra alguna de estas cosas. El sufrimiento muchas veces es el inicio del
camino ¿verdad?

—El sufrimiento es el camino más doloroso al cambio y básicamente lo transitan los que son muy estructurados, inflexibles e intolerantes, porque son los que más necesitan controlar todo y cuando no pueden hacerlo se quiebran. Vos sí que sabés de eso...

Magdalena soltó una fresca carcajada. Siempre se reía de eso, decía que yo era testaruda y que solo con los golpes fuertes lograba cambios reales en mi vida. Luego de un tiempo empecé a entender este mecanismo y traté de estar más atenta para no usar el sufrimiento
como puerta de entrada al autoconocimiento.

—¿Y cuáles son lospróximos cambios que te parece que se vienen? —preguntó.

—No quiero pensar mucho en eso, porque siento que se vienen muchos cambios y me pongo ansiosa. Tengo la certeza del camino por el que voy, y eso es más que suficiente.

—Esa es la respuesta. ¡Vivir el presente!

Nos quedamos un largo rato en silencio. Percibí los sonidos y aromas, y sentí que mi corazón se expandía. Tuve una experiencia similar a la que había tenido aquella vez, cuando sentí que Magdalena y yo éramos una, pero esta vez lo sentí proyectado hacia todos lados, hacia el infinito. Viví la experiencia de unidad, donde no hay diferenciación entre las hojas que caen al pasto, la brisa, el vuelo del pájaro y mi respiración. El cielo, la tierra, el nogal, el sol, Magdalena y yo… somos lo mismo.
La voz de Magdalena me trajo nuevamente al cantero. Me di cuenta que había perdido la noción del tiempo.

—Estás mucho más tranquila y centrada. Lo que te permite estar cada vez más desapegada de todo, ¿te sigue angustiando eso?

Me tomé unos segundos para responderle con sinceridad, y aproveché la pregunta para indagar en mi interior.

—No me angustia la verdad en el presente —respondí—, me apena cuando me proyecto y empiezo a inventar posibilidades futuras. Por ejemplo, “si sigo por este camino me voy a tener que separar de mi compañero porque vamos a estar en dos puntos muy diferentes” o bien “si sigo por acá voy a tener que cambiar de trabajo”. Cuando suelto esos pensamientos y vivo el presente, la verdad es que estoy muy bien, con mi compañero y con mi trabajo. Wu wei, que sea lo que tiene que ser.
Capítulo 20 de "El Cauce, canal de un despertar".