Sufrimiento y Felicidad


En las siguientes semanas empezó a ocurrirme algo peculiar. Comencé a notar que mi reacción frente a las cosas que me sucedían era diferente. Ya no experimentaba sentimientos de angustia o de alegría y, si bien todo lo que me pasaba tenía incidencia en mi vida, no afectaba directamente mi humor. En principio me sentí extraña, como desafectada, pero luego me di cuenta de que estaba empezando a experimentar algo sobre lo que Magdalena me había hablado varias veces: recordé nuestra conversación sobre el sufrimiento y la felicidad.


—Sufrimiento y felicidad son opuestos —dijo Magdalena— y lo que te hace sufrir es lo mismo que te da alegría. Analizalo y te darás cuenta de que todo es una ilusión, todo queda en la interpretación de las circunstancias vividas por cada uno. Todo se reduce a lo mismo: “la mente” y sus distintos grados. Los distintos niveles evolutivos responden, básicamente, a la cantidad y calidad de manifestaciones del ego que nos conforman; cuanto más ego, más terrenal y más denso todo, cuanto menos ego, más conectado a tu esencia. Según dónde esté parado uno en esa escala, será el significado de felicidad o del sufrimiento: cuanto más “arriba”, menos felicidad y sufrimiento y más dicha y paz; y cuanto más “abajo”, más oscilará el péndulo entre felicidad y sufrimiento. Aunque los términos espaciales “arriba” y “abajo” son incorrectos, los uso ahora de forma explicativa.

—Cuando me elevo
  —respondí— siento que dejo atrás la dualidad que forman la felicidad y el sufrimiento pero, a la vez, siento que eso justamente es lo que me conecta al mundo "ilusorio" en el que vivimos y por ende, lo que me conecta a mis seres queridos.

—¿Y eso te apena?

—Sí, un poco. Entiendo que es una cadena, pero aun así me entristece.

—Bueno, ¡si te apena significa que aún estás sintiendo algo! —exclamó, riendo, Magdalena—. A medida que vayas comprendiendo vas a tener que elegir, pero eso no significa que dejes de sentir amor por los tuyos, sino que será un amor distinto. Ellos lo verán como cierto distanciamiento pero no es eso realmente, lo que sucede es que tu percepción cambió y la de ellos no.
Ariadne, pero vos elegiste un camino y este camino trae estas experiencias. Sentís pena cuando te proyectás al futuro y básicamente esta pena se origina en el miedo de quedar excluida. Sin embargo, cuando habitás el presente, nada de eso tiene sentido.

En ese momento sentí una profunda tristeza, como si estuviera arriba de un barco, alejándome de todo lo conocido. Percibía todo con mucha claridad mental y sabía que lo que ella me estaba diciendo era cierto y que yo no tenía que experimentar pena, pero no podía evitar sentirme así. Magdalena se dio cuenta de mi estado y trató de consolarme:

—No te sientas mal por eso, en el futuro vas a ir conociendo a otros a los que les pasa lo mismo y te vas a sentir más afín; pero no por eso vas a dejar de querer a tus vínculos actuales. Lo que deberás aprender ahora es a diferenciar los vínculos que te atan de los que te unen. Esa diferencia es fundamental.

—Todo el concepto actual de familia nos lleva a estar atados, ¿verdad? Pero supongo que depende de uno… Todo es “mente”…

—Así es.

Se me apareció una cantidad enorme de imágenes de todos mis afectos, familia y amigos. Me di cuenta de que estar atada o sentirme unida dependía de mí, de mi estado mental, de mi práctica. Eso me tranquilizó y de a poco la tristeza comenzó a esfumarse.


Capítulo 19 de "El Cauce, canal de un despertar".




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